Argentina y su fuerza colectiva: hinchas y jugadores, una sola idea hacia la final

Imagen gracias a: El País (América)

Argentina y su fuerza colectiva: hinchas y jugadores, una sola idea hacia la final

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Con o sin Diego Maradona y Lionel Messi, la selección argentina mantiene una química inalterable: el impulso de la tribuna se transforma en intensidad dentro de la cancha, como ocurrió antes y después del partido ante Inglaterra.

Un hincha anónimo, cuya identidad no se conocerá hasta que termine el Mundial, marcó una escena que terminó trascendiendo el estadio. En Atlanta, pocas horas antes del duelo ante Inglaterra, compró un aerosol negro y escribió sobre una sábana del hotel la frase “Las Malvinas son argentinas”. La imagen, que podría haber quedado en el registro de tantas postales desconocidas del torneo, tomó otro rumbo pocos minutos después de que Lionel Messi emulara a Diego Maradona frente a los británicos: la pancarta pasó de las tribunas al campo de juego y terminó en manos de los jugadores.

La frase que reclama la soberanía argentina sobre las islas ocupadas por el Reino Unido desde 1833 recorrió el mundo. En el relato persisten dudas sobre el orden de los hechos: no se define si los hinchas lanzaron el cartel y los jugadores lo tomaron para exhibirlo, o si ocurrió al revés. Lo concreto es que Giovani Lo Celso lo vio en la tribuna, cruzó los carteles de publicidad, pidió la sábana a los simpatizantes y luego la mostró a las cámaras con el respaldo de sus compañeros.

Más allá de esa postal, el mensaje central es la unión entre hinchas y plantel: una Argentina indivisible, planteada como la esencia del fútbol albiceleste. En ese marco, España aparece como el próximo escollo que deberá superar esa fuerza.

Esa alianza se sostiene en la reverencia a Lionel Messi, como figura dominante de la tribu, pero también en una exigencia compartida. Tras el triunfo de Inglaterra, la última canción cantada de manera simultánea por los hinchas en las tribunas y los jugadores en el campo de juego fue un pedido para la final: “Que el domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar”. Los argentinos ocuparon el 80% del estadio de Atlanta, no por su poder adquisitivo sino por convicción, y aunque no patean la pelota, sostienen que su presencia influye en los resultados. Los jugadores coincidieron con esa lectura: Nicolás Tagliafico reconoció que “Después del empate nos ayudó el contagio de los hinchas”.

Argentina, además, carga con sospechas de recibir supuestas ayudas arbitrales y guiños de la FIFA, lo que la ubica como candidata firme a encabezar el ranking de las selecciones menos queridas del torneo. En ese imaginario, los de Scaloni ocupan el rol de los “sucios, feos y malos” del Mundial. Sin embargo, el plantel no se incomoda por esa enemistad: se siente cómodo compitiendo en ese clima, sea o no merecido. Los jugadores se muestran especialmente decididos en los momentos determinantes, con el ejemplo de los últimos minutos ante Inglaterra.

La preparación no se limita al partido. Así como el hincha anónimo llegó con un aerosol y una sábana para el encuentro, el Cuti Romero tomó nota de lo que había dicho Gary Neville antes de la semifinal, en una crítica a la solvencia de la defensa argentina. “Espero no ser tan estupido después de mi retiro”, respondió Romero. Esa lógica ya había aparecido en Qatar ante Países Bajos, cuando Louis van Gaal cuestionó el rol de Messi y Argentina respondió saliendo a jugar “oliendo la sangre”. En la concentración del campeón tampoco faltan las interpretaciones de elogios previos: tras el España-Francia, De la Fuente habló del duelo entre la mejor selección del mundo y el mejor equipo del mundo.

Con ese respaldo, los argentinos se encaminan hacia su tercera final en 12 años. Luego llegará el retiro de Messi y, posiblemente, un período complejo. Desde 1982 hasta 2026, Argentina disputó solo dos Copas del Mundo sin Messi ni Maradona: 1998 y 2002. Aun así, el argumento se repite: con o sin sus líderes espirituales, la química permanece igual. Los de abajo juegan como hinchas y los de arriba transpiran como jugadores.

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