Franco Baresi, el zaguero perfecto que marcó una era en el fútbol

Imagen gracias a: El Universo

Franco Baresi, el zaguero perfecto que marcó una era en el fútbol

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Franco Baresi falleció este viernes en Milán a los 66 años. Definido como uno de los mejores defensores de la historia, su carrera lo consolidó como capitán y pilar de los Milan que dominaron Europa, además de un referente absoluto para Italia en los mundiales.

Una noticia golpea con frialdad cuando llega: “murió Baresi”. Franco Baresi, fallecido este viernes en Milán a los 66 años, deja una figura que muchos sintieron cercana pese a no haberlo conocido personalmente. Lo que une es el fútbol y la admiración por su forma de defender, especialmente en los encuentros mundialistas que marcaron a varias generaciones.

En una época en la que Italia era el centro del balompié y la Serie A reunía a grandes cracks como Maradona, Platini, Gullit, Van Basten, Zico, Junior, Paolo Rossi, Passarella, Sócrates, Michael Laudrup, Rummenigge, Matthaüs, Falcao y Batistuta, apareció la silueta defensiva nacional: Baresi. Coloso, emergió como el zaguero italiano que elevó el nivel del juego. De haber estado en este tiempo amargo de la Azzurra, habría llevado a Italia a los tres mundiales que le faltaron.

Su influencia cruzó generaciones y comparaciones por el puesto. Se lo vinculó con Beckenbauer, Passarella, Puyol, Maldini, Laurent Blanc y Cannavaro, entre otros grandes defensores. Aun con opiniones distintas sobre el fútbol, su valoración es prácticamente unánime: fue el defensor perfecto y aparece en el 99% de los equipos ideales que se arman.

Baresi nació zaguero centro. Con 1,76 y 70 kilos, reunía seguridad, firmeza, intuición para marcar, clase y determinación. Su anticipo, la velocidad, la colocación, el salto, la viveza y el instinto defensivo se combinaban con un tiempismo excepcional: si un atacante era demasiado veloz, trazaba una bisectriz, cortaba camino y lo alcanzaba al llegar al área, donde lo desarmaba. La mirada fija en la pelota hacía que, si el rival adelantaba diez centímetros de más, esa pelota ya no pertenecía al atacante. Gerd Müller resumía una idea para los goleadores: “Lo haces rápido o ya no lo haces”, y Baresi actuaba con esa misma rapidez, pero como último hombre.

Su manera de ir al piso para interceptar remates o trabar a los delanteros sin cometer penal lo convertía en un rival difícil de superar. Si se acercaban a menos de un metro y medio, la pelota prácticamente se perdía. En el salto, ganaba con astucia: tocaba lo justo al atacante para moverlo y desacomodarlo. Dentro del campo se transformaba en un manual completo del puesto, un soldado cuyo objetivo era que no le metieran goles al Milan.

En 714 partidos y 19 temporadas, su papel fue decisivo. Aunque hizo dupla con Paolo Maldini, figura también extraordinaria, Baresi fue el líder absoluto de los dos Milan que dominaron Europa, los de Arrigo Sacchi y los de Fabio Capello. Con esos equipos ganó seis Scudettos, logros que incluyeron vencer a una Juventus legendaria y al Napoli de Diego y Careca, además de superar a la Roma de Falcao y Aldair. También sumó tres Champions, siempre como capitán y protagonista esencial.

Respecto a los mundiales, quedó instalada la discusión sobre si fue campeón mundial en España 82, porque no ingresó ni un minuto. Aun así, el entrenador al que no se le puede discutir su conducción es Enzo Bearzot, conductor de Italia en los mundiales de 1978, 82 y 86. Allí, la pipa alineó a Bergomi, Gentile, Scirea, Collovati y Cabrini, mientras que Baresi tuvo que observar el torneo desde el banco. Increíble, por el tipo de jugador que era.

A diferencia de Claudio Gentile, que destacaba en el uno contra uno pero con un estilo desmesuradamente sucio, Baresi no necesitaba pegar. No era leñero ni buscaba la agresión; se parecía en su firmeza a Bobby Moore: no daba una patada. En total, registró dos expulsiones en 799 salidas al campo, contando Milan e Italia.

Uno de los episodios más recordados ocurrió en la final Intercontinental de 1994, entre Vélez y el Milan. El Turco Asad logró sacarlo de quicio con sus mañas, potencia y guapeza. Baresi gritaba “¡Mascalzone…! ¡Maledetto…! ¡Porca miseria...!”. Carlitos Bianchi, goleador legendario, sabía de marcas y lo instruyó: “Si vas de frente, te anticipa y te la saca. Ponele el culo y aguantalo, no lo dejés acercar a la pelota”. Asad, ancho como un camión, protegía la pelota con su humanidad, se daba vuelta y encaraba con todo. En ese contexto, se convirtió en la figura de la cancha, marcó un gol decisivo para la victoria de Vélez Sarsfield y se llevó el Toyota Corolla al mejor jugador del partido. Fue la única ocasión en la que se lo vio perdidoso.

En el Mundial 94 protagonizó un caso que todavía sorprende. El 23 de junio, en el segundo partido de Italia ante Noruega, il Capitano salió lesionado en el minuto 49: se rompió un menisco. Arrigo Sacchi consideró la lesión una pérdida gravísima para las aspiraciones del equipo. Dos días después, Baresi fue operado en Nueva York en medio del torneo y todos lo despidieron del Mundial. Sin embargo, el 17 de julio disputó la final ante Brasil y fue uno de los puntales de Italia, hasta el punto de que se puso a Bebeto y Romario “en el bolsillo del pantalón”.

En una entrevista publicada por el diario El País, de Madrid, el 2 de noviembre de 2009, Baresi recordó: “Me operaron rápido y después hice un poco de gimnasia y de carrera. Realicé dos entrenamientos en los dos días previos a la final. No me sentía seguro de jugar. Sacchi tampoco sabía si arriesgar o no conmigo en un partido así. Pero descalificaron a Costacurta (tenía dos amarillas), hubo un par de lesiones, y a Sacchi no le quedó otra alternativa”.

Tras esa final en Los Ángeles, Romario reconoció: “Baresi fue el rival más fuerte al que me he enfrentado, el más difícil de superar”. Maradona, por su parte, lo definió como “el mejor defensor que me marcó”. Dentro del campo era un león; afuera, un muchacho tímido y humilde.

Las muestras de pesar llegaron desde distintos rincones. Clarence Seedorf, compañero de lucha en el Milan, no compartió vestuario con el capitán durante los mismos años, pero lo trató mucho durante sus diez años por la vinculación de Franco con el club, ya que era vicepresidente. Seedorf expresó: “Estoy sin palabras. Franco Baresi, leyenda del fútbol, gran hombre y capitán inolvidable, nos ha dejado demasiado pronto. No hace falta contar tu impacto: tu historia habla por sí sola. Has sido y seguirás siendo un símbolo eterno de liderazgo, lealtad, elegancia y clase”.

También se destacaron mensajes sobre su personalidad sencilla y caballeresca. La primera ministra Giorgia Meloni afirmó: “Italia pierde no solo a uno de los más grandes campeones de su historia deportiva, sino también a un ejemplo de lealtad, seriedad y dedicación. Vistió los mismos colores durante toda su carrera, viviendo la lealtad como un valor y el brazalete como una responsabilidad. Demostró que es posible convertirse en leyenda sin dejar nunca de ser un referente, dentro y fuera del campo”.

Con Baresi se suma a una lista de figuras que parecían lejanas, pero cercanas por grandeza y dimensión humana: Beckenbauer, Gerd Müller, Bobby Charlton, Eusebio, Gigi Riva y ahora Franco Baresi. No hay estadísticas para medir esa cercanía, aunque, en su caso, también se reflejaba en todo lo que representó: liderazgo, elegancia y clase.

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