Paul Magnier se estrena con la maglia rosa: primer francés líder del Giro de Italia

Imagen gracias a: El País (América)

Paul Magnier se estrena con la maglia rosa: primer francés líder del Giro de Italia

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El corredor del Soudal conquistó el liderato tras imponerse junto al mar Negro en un sprint decisivo marcado por una caída ruidosa que alteró el final.

El Giro de Italia dejó una jornada con caos en el tramo final y un nuevo nombre al frente de la clasificación. En el bulevar de la Democracia, en la costera Burgas, se vivió un falso llano que desembocó en una llegada agitada, con chirridos y crujidos de carbono y corredores afectados por una caída en los metros decisivos.

Paul Magnier, sprinter de 22 años recién cumplidos y corredor del Soudal, aceleró en los últimos 200 metros de la recta hasta la meta para adelantar al resto y afirmarse como único líder entre los velocistas. Su victoria dejó atrás a un grupo reducido que llegó con cansancio y desorden en el sprint, después de que a 650 metros de la meta el noruego Erlend Blikra perdiera el control de su bicicleta en el tramo final y, en la caída, arrastrara a media docena de corredores. Tras ese incidente, quedaron nueve delante, con un sprint limpio y la locura de Maximilian Walscheid, el desgaste de Jonathan Milan y Dylan Groenewegen, además de la impaciencia de Tobías Andersen.

Magnier se convirtió en el primer francés que viste la maglia rosa desde Bruno Armirail hace tres años. Antes de llegar a la cita, se había preparado con tres semanas en Sierra Morena, donde se habría dedicado a coger moreno y completar su preparación.

El recorrido del Giro, entre campos de colza y playas del mar Negro, avanzó con un inicio en el que se impusieron los movimientos tempranos. Con el banderazo de salida, dado por el nuevo director del Giro, Stefano Allocchio, Diego Pablo Sevilla y Manuele Tarozzi tomaron la iniciativa. Sevilla, madrileño de La Vega y amigo de Contador, terminó con la maglia azul de mejor escalador, mientras que Tarozzi se llevó las metas volantes.

La escapada llegó a contar con dos minutos de ventaja. Sin embargo, a 20 kilómetros de la meta se acabó el margen. El pelotón alcanzó a los fugados y, de regreso al juego de codos y al rebufo de las ruedas, se vio cómo la línea de la serpiente se ensanchaba y la cola empezaba a mostrar una mancha amarilla: el bloque del Visma que arropaba a Jonas Vingegaard. El danés avanzó con tranquilidad, sin sobresaltos, buscando el objetivo del Giro con la intención de acumular la mayor cantidad de kilómetros por debajo del umbral, mientras lejos de esa estrategia se mantenía el ruido del tramo final.

Con el sprint resuelto y el incidente que dejó el grupo mermado, Paul Magnier logró el primer liderato para un francés en tres años, dejando una moraleja deportiva de fondo: en una carrera donde algunos buscan el máximo beneficio con el mínimo gasto, la velocidad y la oportunidad en el momento exacto también pueden imponerse.

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