Argentina, “los doce” y la ruta hacia otra final mundial

Imagen gracias a: El Universo

Argentina, “los doce” y la ruta hacia otra final mundial

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El texto compara a la selección argentina con los “Doce del patíbulo” y repasa el camino a la final, con énfasis en la solidez del equipo y en las semifinales: España superó a Francia con contundencia y Argentina dio vuelta a Inglaterra para llegar a su séptima final.

No son chicos perfectos ni encajan en el molde de “buenos alumnos”. No toman la leche a las cinco de la tarde, no tienen las mejores notas en la escuela, tampoco cuadernos especialmente prolijos y a veces pasan de grado con lo justo. Cuesta que se bañen, se pelean con sus primos en reuniones familiares y hay ocasiones en las que vuelven de la esquina con moretones. Aun así, juegan bien a la pelota, son los mejores del barrio y rara vez pierden un partido. Son, en el fondo, los muchachos de esta selección argentina.

La comparación con los “Doce del patíbulo” aparece por la misma idea central: un grupo señalado que, aun con condiciones adversas, se juega la vida en cada desafío. La película de Robert Aldrich, con una pléyade de talentos como Lee Marvin, Charles Bronson, John Cassavetes, Telly Savalas, Donald Sutherland, Ernest Borgnine, George Kennedy y Clint Walker, cuenta cómo en 1944 el comando norteamericano decide una operación ultrasecreta y casi suicida contra el alto mando alemán apostado en Francia. El mayor Reisman (Lee Marvin) afronta el plan no con soldados, sino con doce prisioneros: condenados a la silla eléctrica o a cadena perpetua por distintos delitos. Si el plan salía bien, los primeros evitarían la ejecución y los otros quedarían en libertad. El grupo se lanza en paracaídas, asume peligros increíbles, se salva entre sí y muestra compañerismo, habilidad y coraje en combate.

Esa película de Argentina se personifica en el conjunto de nombres que integran el equipo: Dibu Martínez, Otamendi, Tagliafico, Cuti Romero, Paredes, Mac Allister, Lisandro Martínez, Julián, De Paul, Lautaro, Nico González, Montiel. La misión es clara: someter al enemigo enfrentando peligros y adversidades, dominando las herramientas del juego y desenvolviéndose con astucia en una “guerra de guerrillas” que, en la cancha, adoptan como estilo de partido.

En la previa del cierre del torneo, aparece la idea de contraste con el mundo entero. Marino Millán, colega colombiano, dice que si fuera argentino le preguntaría al mundo qué hizo para que todos lo odien. La frase se conecta con el hecho de que Argentina dio vuelta un partido que parecía imposible y llegó a la final del mundo. Finalista por séptima vez, con limpieza y sin ayudas, como en los seis partidos anteriores. En ese recorrido, Argentina ganó sus 7 partidos con absoluta justicia, anotando 19 goles. Y, con enorme humildad, en este mundial ningún jugador albiceleste hizo una declaración arrogante ni tuvo un gesto fuera de lugar en la cancha.

España-Francia y Argentina-Inglaterra

El análisis de las semifinales deja dos lecturas: partidos de alto nivel y con ingredientes completos del fútbol. En el caso de España-Francia, el resultado fue contundente: futbolísticamente fue 2 a 0, tácticamente 5 a 0 y mentalmente 7 a 0. España, con un funcionamiento colectivo, dejó sin margen a una Francia que contaba con figuras como Mbappé, Dembelé, Doué, Olise, Cherki y Barcola. En la práctica, España se impuso y llevó el partido a su esquema. El texto remarca que esa España no tuvo a un solo jugador del Real Madrid entre los 26, y que en su propuesta nadie se sintió estrella: el fútbol se jugó al ras, con cuidado del balón, a puro toque, buscando dominar.

En esa misma semifinal, se describe el rol de Rodri como mariscal y se mencionan escuderos como Fabián Ruiz, Dani Olmo, Alex Baena y el mismo Cucurella, aunque actúe como defensa. El medio campo aparece como el lugar donde “se cuece el resultado”. También se destaca el desempeño defensivo del bloque de cinco de atrás: Unai Simón, Pedro Porro, Cubarsí, Laporte y Cucurella, mientras que arriba se ubica a Mikel Oyarzábal como implacable. Lamine Yamal, en esa narración, apenas aparece con “chispazos”.

Francia, por su parte, se presenta como un equipo con jugadores pero sin juego: atestada de figuras, se vio apabullada e irresoluta, sin saber cómo contrarrestar la táctica española. Se remarca que ya había abierto el marcador con penales que se discutieron ante Paraguay y que, aun sin brillar ante Marruecos, también se apoyó en ese tipo de situaciones. En la lectura del texto, el contraste es claro: España tuvo un torneo impecable y Francia no logró sostener su mejor versión.

El segundo cruce, Argentina-Inglaterra, se describe como volcánico. La rivalidad histórica Argentina-Inglaterra cargó el primer tiempo con choques, roces y discusiones, con poco fútbol. En el segundo tiempo, la semifinal se volvió dramática: al minuto 55, Inglaterra abrió la cuenta por un descuido de Nahuel Molina, bien aprovechado por Anthony Gordon, quien le ganó la espalda y tocó al gol tras un centro de Morgan Rogers.

A partir de ese momento, Argentina avanzó sobre el área británica y generó media docena de situaciones de gol. El texto menciona dos remates de Mac Allister en los palos y dos salvadas milagrosas de Pickford. Ante el dominio argentino, Thomas Tuchel sacó a un delantero (Gordon) y a un volante (Rice) por dos defensores para cuidar la ventaja. Sin embargo, el partido se inclinó hacia Argentina: se encajonó a Inglaterra y, cuando faltaban cinco minutos del tiempo reglamentario, Inglaterra seguía arriba 1 a 0.

Entonces aparece el cambio de Scaloni: ingresaron Lautaro Martínez y Nico González. Junto con Messi, Julián Álvarez, Enzo Fernández y Mac Allister, se sumaron al ataque con insistencia sobre Pickford. El giro llegó con dos asistencias de Messi: primero para Enzo y luego para Lautaro. Con esos aportes, Argentina dio vuelta el marcador: 2 a 1 y aseguró el pase a la final.

El texto también subraya que, aun con once hombres en defensa, Inglaterra cometió un error al dejar espacio para Messi por la banda izquierda, permitiendo que el genio lanzara tiros desde afuera. Se menciona que el área inglesa estaba abarrotada por 17 o 18 jugadores, pero que no alcanzó para contener la jugada que definió el desenlace. A sus 39 años, Messi volvió a ser presentado como figura determinante.

Queda Argentina-España como final: un duelo parejo, apasionante, entre el campeón de América y el campeón de Europa, con un cierre definido como histórico.

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