Jorge Messi, el impulso que sostuvo la carrera de Lionel: murió a los 68 años

Imagen gracias a: El Universo

Jorge Messi, el impulso que sostuvo la carrera de Lionel: murió a los 68 años

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Jorge Messi falleció a los 68 años. Su historia estuvo marcada por la determinación con la que acompañó a Lionel Andrés Messi, desde los momentos más difíciles hasta su consolidación en el fútbol.

El fútbol y el periodismo ya rondaban el entorno de Lionel Andrés Messi incluso antes del Mundial, cuando una noticia golpeó la tranquilidad familiar: “Se está muriendo el padre de Messi, es cuestión de un momento a otro”. La pregunta inmediata era qué haría Leo ante esa situación, si jugaría. Envuelto en una congoja que no se apagaba, Lionel siguió adelante con la posibilidad de recibir la noticia en cualquier instante, incluso mientras celebraba un gol. Por eso, tras su primer tanto ante Argelia, rompió en llanto. Jorge Messi, padre y figura clave, conocía también el peso que ese último Mundial significaba para su hijo.

La enfermedad marcó el ritmo de los últimos momentos de Jorge. Consciente hasta el último aliento, pidió a su hijo que jugara y a su cuerpo que resistiera. Entre Rosario, donde estaba internado Jorge, y Kansas, donde se concentraba Lionel con la selección, había 8.742 kilómetros de distancia que añadían otra barrera de angustia, un destino que tocó afrontar.

La influencia paterna fue decisiva en la vida de un ídolo. Como argentino, y más aún como rosarino, Jorge Horacio Messi soñó con ser futbolista. Probó en las inferiores de Newell’s Old Boys, su club de hincha, pero no logró abrirse camino. Entonces enfocó su vida en el estudio: se graduó de técnico químico y alcanzó una gerencia en Acindar, la mayor industria de acero en la Argentina. Sus jornadas incluían 60 kilómetros de ida y 60 de vuelta hasta Villa Constitución, donde estaba la planta. Lionel recordaba ese sacrificio: “Mi papá se iba a las cuatro de la mañana y volvía a las nueve de la noche, yo lo esperaba con ansias para abrazarlo”.

La vida le devolvió ese esfuerzo a través de su hijo, el tercero de sus cuatro: Lionel Andrés. A los 7 años lo llevó a la escuelita de Newell’s, donde comprobaron que el niño era bueno, incluso demasiado bueno, aunque no crecía. Cumplía años y no pasaba del metro treinta, lo que inquietó a la familia. Tras diversas visitas médicas, el endocrinólogo rosarino Diego Schwarzstein confirmó un problema: déficit en la hormona de crecimiento. Sin un tratamiento riguroso, el pronóstico era no superar 1,55 o 1,60 de altura.

La situación económica complicó el plan. El sueldo no alcanzaba para cubrir todo y la terapia era cara. Newell’s informó que no podía hacerse cargo, especialmente tratándose de un niño tan pequeño que, por edad, todavía no llegaba a jugar en las divisiones inferiores de AFA; recién estaba en infantiles. Nadie imaginaba lo que vendría después.

Allí la figura de Jorge volvió a tomar tamaño. Movió contactos y buscó alternativas hasta que una cadena de gestiones lo llevó a hablar con Horacio Gaggioli, un empresario rosarino radicado en Barcelona. Jorge llegó hasta él, pero Gaggioli le respondió lo mismo que Newell’s: “Tiene 11 años, es muy chico para traerlo a Europa, hay que esperar un poco”.

El padre no se angustiaba por una posible frustración futbolística, sino por el riesgo de que Lionel no pudiera escapar del enanismo. Finalmente, las gestiones avanzaron. Gaggioli le entregó un video a Josep María Minguella, agente catalán ligado a la vida del FC Barcelona, quien había llevado a figuras como Maradona, Stoichkov, Romario y Rivaldo. Minguella se mostró sorprendido al ver el material: en el colegio, Lionel aparecía cogiendo el balón más lejos de medio campo y avanzando con regates hasta llegar a la portería contraria. Destacó que no perdía tiempo en pases ni florituras, sino que era directo.

Minguella también explicó que en Barcelona al principio no estaban por el tema: no contaban con presupuesto para el fútbol base y además no se traían extranjeros. Lionel era muy pequeño físicamente, lo que generaba dudas. Se pensaba que iba a chocar con cualquier jugador y que lo iban a “matar”. Por eso, el camino fue llevarlo a Carles Rexach. Rexach, antiguo compañero de Cruyff, estaba con el primer equipo del Barça, pero hizo viajar a Lionel con su padre para que lo probaran sus asistentes en infantiles. Según lo narrado por Minguella, Rexach indicó que no bastaba con que fuera bueno: debía ser “muuuuy bueno”, porque fichar un extranjero a esa edad era un esfuerzo demasiado grande. Los asistentes le dijeron que sí, que era un fenómeno, aunque no llegaría a Primera por el físico. Entonces Rexach decidió verlo personalmente, armó un partido con chicos dos años mayores para complicarlo y se ubicó detrás de un arco donde Lionel atacaba. Tras el final del ensayo, concluyó que “no es normal, es de otra galaxia” y que había que ficharle.

Aun así, el Barcelona tardaba y no redactaba el contrato. Jorge estaba apurado por tener que volver a su trabajo, y exigió una definición. Minguella recordó que, en el bar del Club de Tennis Pompeia, para tranquilizar al padre y que no se escaparan, hicieron un contrato en una servilleta: la famosa servilleta.

Fue el 14 de diciembre de 2000. Después de años de gestiones, Jorge logró que su hijo recibiera el tratamiento adecuado y pudiera jugar fútbol en el FC Barcelona. Lionel tenía 13 años y medio. La servilleta, además, tuvo un destino posterior: se subastó en Londres el 17 de mayo de 2024 por 762.000 libras esterlinas, equivalentes aproximadamente a 967.000 dólares, y la tenía Gaggioli en propiedad.

Poco después, Jorge dejó su empleo en Rosario y se dedicó por completo a conducir la carrera de Lionel. Construyó una coraza alrededor de su hijo: lo cuidó y lo acompañó en cada etapa. Lionel llegó a Primera y, con el inicio de su vida nocturna junto a Ronaldinho, Deco y Rafa Márquez, su padre lo esperaba despierto a las cinco de la mañana. “Leo, esto no va, mañana tenés que jugar”.

Aunque no era lo suyo, Jorge comenzó a manejar los primeros contratos, las primeras publicidades y a acompañar a Lionel a cada partido, reunión y premio. Le inculcó la humildad y la importancia de los silencios, sosteniendo un perfil bajo pese a que Lionel era el personaje más famoso del mundo. Poco se sabía de los Messi, en parte por ese trabajo.

Martín Casullo, autor del libro Elegí creer, sobre la vida del genio, para la Fundación Messi, a propuesta de su padre, describió a Jorge como un hombre humilde y ultrarreservado que transmitió a Lionel la disciplina, la vida sana y los valores que luego comparte con sus compañeros como capitán. Casullo también contó la forma en que Jorge buscó integrar a la familia alrededor del 10: Rodrigo, el hermano mayor, con las empresas; Sol, la hermana menor, con las redes sociales y la marca Messi; Matías como presidente del Club Leones, propiedad familiar; y las cuñadas y cuñados vinculados a los distintos negocios.

La historia familiar también muestra contrastes. Dondinho, papá de Pelé, fue un futbolista frustrado: el día de su debut en el equipo superior del Atlético Mineiro lo fracturaron y nunca volvió a ser el mismo. Aun así, insistió y logró jugar luego en el diminuto Baurú Atlético Clube, llevando su pasión a preparar a su hijo. Iban al campito, los dos solos, y Dondinho lo hacía patear con izquierda, derecha y de cabeza, además de entrenar la parada de pecho. Pero cuando Edson arribó al Santos, a los 15 años, Dondinho volvió a su vida en Baurú.

En otro linaje, Don Diego, el progenitor de Maradona, hizo esfuerzos enormes por su hijo: “Mi papá se iba a trabajar de madrugada, llegaba a casa después de las dos de la tarde, comía algo y, cansado como estaba, arrancaba de nuevo y me llevaba a entrenar a Argentinos Juniors. Tres colectivos teníamos que tomar de ida y tres de vuelta”. Así lo contó Diego Armando, en aquel entonces el Pelusa de Villa Fiorito.

Jorge Messi se fue joven: murió en la medianoche del viernes a los 68 años. Su dedicación y tenacidad sostuvieron el camino que permitió que el fútbol mundial no se quedara sin Lionel Andrés Messi. Primero lo trajo al mundo y, luego, le entregó su propia vida.

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