Expedición argentina recorre más de 10.100 kilómetros con una jarra para hermanar los ríos Sella y Limay

Imagen gracias a: El País (América)

Expedición argentina recorre más de 10.100 kilómetros con una jarra para hermanar los ríos Sella y Limay

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Agustín Montecino y Ariel Basualto viajaron desde Neuquén a Asturias para participar en el Descenso Internacional del Sella, que este sábado celebra su 88ª edición, llevando agua del río Limay en una jarra de cerámica como parte de una tradición que se repite desde 1999.

Agustín Montecino y Ariel Basualto posan junto al río Sella con la jarra que contiene el agua del Limay, en el marco del Descenso Internacional del Sella, que este sábado celebra su 88ª edición y que mantiene una costumbre de hermanamiento entre ríos.

El jueves 30 de julio, Agustín Montecino, de Neuquén y 29 años, cerró su maleta y se trasladó al aeropuerto para un viaje que lo llevó primero a Buenos Aires y, tras una escala de seis horas, a un vuelo con destino a Madrid. Desde allí continuó por carretera hasta Asturias. El viernes 31 por la tarde llegó al hotel La Ribera, en Santianes del Agua, en la carretera Nacional 634, a orillas del río Sella.

Tras recorrer más de 10.100 kilómetros entre Neuquén y Asturias, Agustín comprobó que todo estaba en orden. En la maleta viajaban dos piezas centrales para el propósito del viaje: una jarra de cerámica envuelta en papel de burbuja y un termo con medio litro de agua.

Días antes, en Neuquén, se realizó una ceremonia a orillas del río Limay con participación de diversas autoridades locales, un pastor evangélico y un poeta. Un nieto del autor del himno de la provincia lo interpretó en directo. Un joven piragüista del club Bigua introdujo el ketru, la jarra de barro utilizada por los mapuches para los líquidos importantes, en el río y la sacó llena de agua. Luego, una cadena humana trasladó la jarra hasta el lugar del acto, quedando preparado medio litro del río Limay para su hermanamiento con el río Sella.

En la llegada al hotel, los integrantes de la expedición se reunieron alrededor de la maleta, la colocaron sobre la cama y la abrieron con cuidado, celebrando que todo había llegado correctamente.

La tradición del hermanamiento, que se inauguró en 1999 por el Guadalquivir, se ha repetido en 22 ocasiones y se observa en un poste con flechas en el parque de la Concordia de Arriondas, localidad desde la que parte la prueba. En ese sistema aparecen los nombres de los ríos y su distancia con el Sella. Juan Manuel Feliz, presidente del Comité Organizador del Descenso Internacional del Sella, explicó que el hermanamiento siempre se realiza con un río que tenga alguna competición y cuyos deportistas participen en el Sella y viceversa. Según su planteamiento, el vínculo comienza con una amistad y, con esa conexión, se habilita el hermanamiento de las aguas, en un viaje de ida y vuelta. Feliz viajará en noviembre a Argentina con agua del río asturiano en su maleta, coincidiendo con la Regata de la confluencia, una prueba de maratón en la que más de 400 palistas recorren en cuatro etapas unos 80 kilómetros de los tramos finales de los ríos Limay y Neuquén antes de desembocar en el río Negro.

Para el Descenso del Sella de este sábado, 1.291 palistas de 22 países tomarán la salida. Agustín y Ariel describen que la relación con la gente del lugar también forma parte del ambiente del viaje. En el hotel, los habitantes del pueblo preguntan quién podría ganar, y la expedición percibe que se les integra en la historia del evento. Agustín señaló que les gusta que los incluyan en el relato de la prueba y que, además de la emoción del hermanamiento, existe la intensidad de la carrera. Ariel, presidente en Neuquén de la Fundación para el Alto Rendimiento, de la que Agustín es vicepresidente, añadió que el ambiente de seguimiento por parte del público es especialmente destacable.

Agustín, profesor de educación física y jefe de la expedición, afirmó que el amor por el río y la naturaleza es un idioma universal y destacó el entorno turístico, cultural y deportivo que el Descenso del Sella ha creado. También comentó que, en Neuquén, el día de la prueba los chicos se levantan para seguirla por Internet y que incluso cantan el himno del Sella.

Antes de ir al río para realizar la fotografía, Agustín sostiene con ambas manos la jarra. Al grupo se suman Nacho, Bruno e Isabela, de 15 años, que completan la expedición. Nacho fue tercero el año pasado en el mini-Sella, una prueba para categorías infantiles; Bruno repite puesto en esta edición; e Isabela participará el sábado en K2 en la carrera oficial junto a su padre, calificando la experiencia como “un sueño cumplido”.

Al hablar del río Limay, Agustín expresó una emoción difícil de explicar con palabras y describió su color, su reflejo con el sol y el aroma que emana, definiéndolo como un río muy lindo.

El viernes por la tarde, el agua del Limay se incorporará al hermanamiento con el Sella, momento en el que Agustín podrá concentrarse en dirigir a sus pupilos. Al preguntárseles si ese “pedacito del Limay” les ayudará en la carrera, los más jóvenes respondieron con rapidez que sí, y Ariel y Agustín coincidieron en que todo ayuda.

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