
Imagen gracias a: El País (América)
Gil Marín insiste: el Atlético no venderá a Julián Álvarez al Barcelona y rechaza que haya ofertas “ilimitadas”
Miguel Ángel Gil Marín reiteró la postura del Atlético de Madrid: la intención del club es mantener a Julián Álvarez y no aceptar ofertas, aunque el Barcelona mantenga una propuesta sobre la mesa. El consejero delegado vinculó la respuesta rojiblanca a que la oferta azulgrana no sea infinita en el tiempo.
El Atlético de Madrid volvió a dejar clara su negativa a traspasar este verano a Julián Álvarez al Barcelona, pese a la oferta del club azulgrana que lleva semanas sobre la mesa. En un video difundido por los medios del club, el consejero delegado Miguel Ángel Gil Marín aseguró que tanto la voluntad del Atlético como la del propio club son “claras”. En ese mensaje, el dirigente rojiblanco trasladó que el Atlético considera a Julián Álvarez “el lugar del mundo” para él y lo definió como “el delantero perfecto para el Atlético”.
Gil Marín insistió en que el Atlético “quiere seguir contando con él” y respondió a lo expresado recientemente por el presidente del Barça. El CEO colchonero recordó que escuchó declaraciones de Laporta sobre que la oferta presentada al Atlético de Madrid “no era infinita” en el tiempo, y contrapuso que la respuesta rojiblanca sí lo sería: “no queremos transferirlo” y no aceptarían ninguna oferta de 100, 150 o 200 millones por Julián Álvarez.
Las palabras a las que aludió Gil Marín fueron las de Laporta en El Larguero, desde el corazón de Manhattan en la 7ª avenida, durante una conversación con los micrófonos de Cadena SER. Allí, el presidente blaugrana señaló que el Atlético ya conocía una oferta “importante” por Julián Álvarez, pero matizó que no sería “ilimitada en el tiempo”. También explicó que habría un momento para decidir si se mantiene la oferta según transcurrieran esas dos semanas para terminar julio, enmarcándolo en el respeto institucional. Laporta añadió que el jugador se había pronunciado y que el asunto seguía “vivo”, apuntando que el Barcelona estaría en disposición de acoger al futbolista si el Atlético evoluciona en su postura, aunque también mencionó que, si no, existirían alternativas.
Desde el Atlético, la negativa a vender no sorprendió a Laporta en el contexto del propio desarrollo del caso. El 22 de junio, con el Mundial ya iniciado, Julián Álvarez manifestó que no podía “esconderse” y que, para el beneficio de ambas partes, lo mejor era una transferencia para cumplir su sueño. El delantero, además, no pronunció el nombre del Barcelona para evitar una denuncia del Atlético ante la FIFA. Aun así, el desenlace fue una queja formal, al sostener la FIFA que sus órganos disciplinarios no entran por normativa en traspasos internos de sus asociaciones miembro.
La ofensiva de Julián Álvarez y la de su agente se encuadra en una escalada previa: el rechazo de una oferta de ampliación de contrato a finales del verano pasado y el siguiente paso de declararse en rebeldía. Gil Marín expresó su expectativa de que no se llegue a ese punto y defendió el criterio del club sobre el comportamiento del jugador: “Conocemos a Julian, lo hemos tratado estos dos años y no tenemos duda de su calidad humana y profesional”, afirmó, añadiendo que consideraba que su rendimiento y su actitud serían los mismos que los mostrados hasta entonces.
En paralelo, desde el entorno del jugador y del Barcelona se había deslizado la idea de que el estilo de Simeone podía perjudicar a “La Araña”. Se mencionaron antecedentes como el de Rodri, que pudo definirse por encaje con el plan de Guardiola en lugar del de Simeone. En el caso del futbolista madrileño, el Manchester City pagó la cláusula de 70 millones y el proceso no derivó en más discusión. Para Julián Álvarez, el escenario es distinto: su liberación está fijada en 500 millones de euros y tiene contrato hasta 2032.
Simeone, según el relato en el Atlético, repitió desde el primer día que debían cuidarle para que permaneciera en el club. Esa idea se tradujo en una política de fichajes orientada a abastecer y rodear a Julián Álvarez con incorporaciones como Baena, Nico González y Almada, y en un plan que el propio equipo buscó que se percibiera más atrevido que nunca. En ese contexto surgió la frase atribuida al entrenador: “ahora atacamos mejor que defendemos”. El Atlético se descolgó pronto de la Liga cediendo puntos en el inicio, en partidos que mereció ganar y que luego resultaron decisivos para no sostener la remontada que realizó hasta diciembre. En la Champions, el equipo fue semifinalista por cuarta vez en su historia y en Copa perdió una final en los penaltis ante la Real Sociedad, resultado que el entrenador y sus futbolistas consideran que debieron haber evitado por el potencial de plantillas.
En el Atlético también sostienen que el Barcelona no puede afrontar una operación de, como mínimo, 150 millones de euros. Gil Marín, además, se refirió a Laporta con un comentario sobre su relación con los medios y la afición. El CEO aseguró que tiene una buena relación personal con él y que le pidió que dejara de insistir: “no lo queremos vender y no lo vamos a vender; deja de insistir”. Según Gil Marín, Laporta mantiene la situación porque le gusta el juego, aunque el club entiende que Julián Álvarez no jugará en el Barcelona la próxima temporada.
Tras las andanadas del Atlético hacia el Barça a través de redes sociales, Laporta y Gil Marín mantuvieron una conversación. En esa charla, Laporta habría trasladado que el CEO rojiblanco le aseguró, entre otras cosas, que Julián Álvarez no estaba en venta porque el Atlético no tiene un recambio. Desde el propio Atlético, la versión que se mantiene es que Gil Marín solo le dijo al mandamás azulgrana que no lo iban a vender y que cerrara el asunto.
El club que sí podría alcanzar un pago situado entre 180 millones de euros y 200 sería el Arsenal, aunque Julián Álvarez preferiría la vida en Barcelona antes que el regreso al clima inglés, descrito como plomizo y lluvioso. Si la salida no se produjera finalmente, jugador y club tendrían que gestionar una situación “incómoda y compleja”. Por ello, Gil Marín intentó rebajar la tensión con un mensaje a la hinchada: “Tanto jugador como aficionados lo tienen muy fácil. Todo depende del comportamiento y también del rendimiento del jugador. El Atlético sabe lo que quiere, jugadores comprometidos y que ofrezcan rendimiento”. El consejero delegado añadió que el sueño de cualquier aficionado, “el mío particular”, es ver a Julián Álvarez marcando goles y ganando títulos para el Atlético y aseguró que cree que “se va a dar”.
El punto clave, de cara al futuro del culebrón, es si el futbolista puede y quiere ofrecer prestaciones que le permitan reconectar con una hinchada que ya vivió una historia de fidelidad con Griezmann, al que se le atribuyó un nivel máximo y el juramento de amor a los colores rojiblancos antes de marcharse al Barcelona en 2019. Con el Mundial como siguiente etapa, el caso continuará durante el verano hasta que una de las partes claudique.
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