
Imagen gracias a: El País (América)
Iraola y Arteta, dos obsesiones que chocan en Anfield
Andoni Iraola busca reforzar el ataque y la intensidad del Liverpool, mientras Mikel Arteta intenta recuperar la fluidez del Arsenal tras un tramo marcado por la pérdida de ritmo. Ambos paisanos coetáneos llegan a la 9ª jornada de la Liga inglesa con proyectos muy distintos en Anfield.
Andoni Iraola y Mikel Arteta nacieron en Guipuzcoa con cuatro meses de diferencia en 1982. La coincidencia fascina a los aficionados, pero lo que más interesa a quienes financian sus contratos es qué los impulsa realmente como entrenadores. En Boston, en la sede de Fenway Sports Group, los dueños del Liverpool quieren que Iraola recupere el impulso de un fútbol ofensivo y obsesivo. En Denver, los Kroenke, propietarios del Arsenal, se interrogan por el estado de su proyecto tras la Premier conquistada y por si Arteta ha superado la ambivalencia que, en los últimos tres años, ha desgastado tanto al equipo como a su propia dinámica.
La 9ª jornada de la Liga inglesa los enfrentará este domingo en Anfield, donde ambos medirán el alcance de sus planteamientos, y también el de sus obsesiones, en un duelo entre dos paisanos coetáneos.
En Boston se afirma que Iraola está adelantando plazos. A pocos meses de completar sus primeros cinco meses de contrato, el técnico vasco ha empezado a reconstruir la moral de una plantilla que, según el análisis interno, mostraba una actitud demasiado conforme en un club que ha levantado seis Champions. Los propietarios insisten en que Iraola fue contratado para devolver al Liverpool al lugar que ocupa entre los tres primeros clubes de Europa por títulos de la UEFA conquistados, junto con el Madrid y el Milan. Para llegar a esa meta, primero necesita reformar el carácter de un vestuario que, tras la Premier de 2024, fue descrito como un “balneario” por los analistas de la casa.
Como contraste, en Fenway observan el ejemplo del Manchester United. La confusión que ha convertido al United en un club depresivo y mediocre se interpreta como un foco que no conviene dejar extenderse. Por eso se considera que Iraola puede actuar como un cortafuego: su insistencia en presionar siempre en campo contrario, en línea con el estilo de Jürgen Klopp, fue la razón principal para su elección. En ese contexto, la visita de Arteta llega en un momento especialmente delicado.
En Denver, en cambio, el debate se centra en la llamada “doble vida” de Arteta. Para Stan y Josh Kroenke, Arteta es un entrenador con dos valores sobresalientes: un instinto de supervivencia fuera de lo común y una sensibilidad para detectar señales de peligro y adaptarse a las peores crisis con gran capacidad política. Esa forma de manejarse le ha permitido desdoblarse desde que llegó al banquillo del Arsenal en 2019. Por un lado, hace funcionar al equipo sobre el terreno; por otro, lucha con una energía constante por demostrar a los dirigentes que es intelectualmente mucho más que un simple entrenador.
El sueño confesado de Arteta, además de convertirse en mánager y heredero de pleno derecho de Arsène Wenger, es ser el primer técnico en lograr la “bicefalia” de la historia del fútbol: Giovanni Trapattoni y Pep Guardiola. La idea se resume en un fútbol total que alterna, a veces, el control y, otras, el repliegue defensivo; una primera parte más poética y una segunda más sólida, como si fuera el Proteo de la táctica.
Una persona cercana a los propietarios del Arsenal, que prefiere mantener el anonimato, matiza esa comparación: “Trapattoni por gusto” no era la idea, sino “Trapattoni por necesidad”. En ese mismo planteamiento se menciona que la superioridad intelectual, en el fútbol, se prueba haciendo lo que hace Luis Enrique: elevar la agresividad y el juego ofensivo al máximo, manteniendo el equilibrio mediante la elección de jugadores, las artimañas tácticas, la persuasión y el orden. Arteta, en cambio, sostiene que no basta con una sola fórmula: cree que el entrenador más capacitado es quien logra jugar como Trapattoni a un nivel de 8,5 y como Guardiola a un nivel de 8,5 sin alcanzar la excelencia de ninguno de los dos modelos.
Los Kroenke consideran que Arteta tiene el talento para desarrollar el equipo más creativo y atacante posible. Sin embargo, también lo examinan con ojo crítico. El debate interno es constante: dentro de la dirección deportiva hay quienes creen que su transformación, marcada por la abnegación, ha generado desconcierto y, en algunos casos, fisuras en la relación con jugadores de gran importancia. Las salidas precipitadas de Martinelli y Trossard en el verano se vinculan a esos desencuentros. Pero, según los expertos del propio club, el riesgo más grande para el Arsenal sería retroceder hacia un modelo de juego espeso: uno que, por dedicar energía a estrategias para perder tiempo en los fuera de banda o para bloquear rivales en acciones a balón parado, termine apagando la fluidez.
Esa falta de continuidad ofensiva se vio con claridad en la última visita a Brighton, hace dos semanas, cuando el Arsenal encajó una goleada de 3-0. Arteta reconoció entonces que debía volver a insistir en aspectos que había descuidado. “No cumplimos con los básicos que debes cumplir en la Premier”, dijo. Añadió que “no respetamos los principios del juego en esos duelos y cuando dominamos nos faltó la calidad necesaria para finalizar. Fue una gran lección”.
Para solidificar un equipo ágil, el proceso puede ser rápido. Pero agilizar hacia el ataque a un conjunto embotado por el defensivismo y la especulación se considera casi imposible. En esa lectura, el Arsenal sigue mostrando señales de peligro aunque lidere la Premier. Además, el martes pasado quedó eliminado de la Copa de la Liga tras perder en los penaltis contra el Fleetwood Town, de Cuarta División.
En el entorno de los Kroenke se insiste en una idea: no se trata solo de ser intelectualmente superior y a la vez “Trap y Pep”. Se recuerda el ejemplo de Cruyff, cuando hizo oídos sordos ante la negativa de Núñez y se marchó a Sevilla para firmar a Nando, un futbolista casi desconocido cuya única especialidad era defender. Con Nando, Cruyff ganó la Champions en Wembley.
Por eso en Denver se alimentan de historias de Johan Cruyff y se quiere que Arteta siga pasos parecidos a los de Guardiola y Luis Enrique. A pesar de los altibajos, el equipo mantiene una línea de trabajo considerada positiva desde el inicio de la temporada: el Arsenal va primero empatado a puntos con el City. El gran desafío, según el enfoque interno, es recuperar la confianza de Bruno Guimaraes para que, junto con Rice y Odegaard, vuelva el control del pasillo central. Ahí es donde el camino de Arteta se cruza con el de Iraola: el problema central del Liverpool se describe como la necesidad de construir un bloque de presión en el pasillo central.
Como el rival no cuenta con mediocentros naturales expertos, la tarea se vuelve agotadora. Se menciona que Wirtz, Szoboszlai, Gravenberch y Mac Allister son mediapuntas de alma: van y no van, como una corriente alterna.
El contraste se completa con lo que ocurrió en el Brighton. Fabian Hürzeler, entrenador del Brighton, es señalado por los expertos como el responsable del equipo más en forma de Europa. Se recuerda que el técnico puso a prueba a Arteta hace dos semanas. Y también, el domingo pasado en Anfield, midió la convicción de Iraola. En ese partido, la dinámica fue presión contra presión hasta el desgaste: en el minuto 30 los jugadores locales se quedaron sin piernas. Con el marcador 2-0, Iraola tomó una decisión descrita como sabia, humilde e improvisada: redujo los recorridos de su equipo, lo metió en bloque bajo y logró sacar el partido adelante ante la trituradora.
A los dirigentes no les agradó ver al Liverpool encerrado atrás, pero entendieron que era lo más realista que podían hacer con futbolistas que hasta hacía unos meses no habrían resistido ese ritmo ni diez minutos. Lo que tranquiliza a los dueños del club es que a Iraola tampoco le gusta encerrarse: no sueña con ser “la mitad de Trapattoni”. Quiere presionar durante los 90 minutos en campo contrario, y ese punto será clave en el duelo con el Arsenal.
Si el Liverpool consigue sostener la presión más allá de 30 minutos y si Cody Gakpo, señalado como su jugador más completo del ataque, se siente motivado por volver a ser importante, el Arsenal entraría en el escenario que más le incomoda: una presión que, descrita como una marea emoliente, solo se puede romper cuando Rice, Guimaraes y Odegaard se asocien para salir de la trampa.
En Boston y en Denver se seguirá de cerca la misma pregunta: si Arteta volverá a dejarse tentar por la idea de sentirse un Trapattoni, y si Iraola logrará imponer su presión para responsabilizar a los hedonistas de su cuadrilla. En ese cruce de obsesiones, el partido en Anfield aparece como la prueba más concreta de ambos proyectos.
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