
Imagen gracias a: El País (América)
¿Pogacar ganaría el Tour de Francia femenino si fuera mujer?
Marlen Reusser, líder suiza del Movistar, simboliza el cambio cultural del ciclismo femenino. El debate plantea si la biología marcaría una barrera real frente al rendimiento de un referente como Tadej Pogacar.
20 de junio pasado, en la Vuelta a Suiza femenina, se disputó la contrarreloj de Aarburgo, con 23,7 kilómetros. Marlen Reusser, corredora del Movistar, ganó la prueba con un tiempo de 29 minutos 36 segundos.
El mismo día, en la contrarreloj masculina con el mismo recorrido y distancia, Tadej Pogacar registró 26 minutos 38 segundos. La diferencia fue de tres minutos, equivalente a un 10%, un margen que el texto vincula con la distancia que la genética suele marcar entre hombres y mujeres.
El artículo plantea que, en un escenario hipotético en el que Pogacar fuera mujer, el cuerpo tendría más grasa, menor hemoglobina en sangre, un VO2max más bajo, peor bombeo de sangre con cada latido y un porcentaje inferior de masa muscular. También se menciona la posibilidad de que cada mes hubiera un baile hormonal con la menstruación, junto con problemas con el hierro. En esa comparación, el motor tendría alrededor de un 10% menos de potencia y los músculos desarrollarían aproximadamente 120-130 vatios menos, por lo que, “posiblemente”, no podría imponerse a Reusser.
Reusser, corredora suiza de 34 años, lidera el Tour con solvencia y venía de imponerse en la contrarreloj del martes en Dijon. En el texto, Mar Sempere, médica del Movistar, matiza la hipótesis: “Teóricamente sí podría ser así, pero influyen más factores”. Explica que las contrarrelojes cercanas a la media hora llevan al cuerpo al límite forzándolo, y que en ese punto influyen de manera decisiva la capacidad de sufrimiento volitiva y la tolerancia al esfuerzo. Aun así, añade que no se puede afirmar de forma general: “Soy científica. No puedo generalizar. Son personas completamente diferentes, con contextos diferentes, ideológicamente muy diferentes”.
El artículo sostiene que hace cinco o 10 años esa posibilidad habría sido impensable. La actuación de Reusser y también la de Vollering, Longo, Ferrand-Prévot, Blasi y Niewiadoma, consideradas parte de la elite del ciclismo femenino, reflejan una nueva realidad construida después de la pandemia. David Barranco, entrenador del Movistar, resume ese cambio con la frase: “El ciclismo de mujeres ya no es un ciclismo de segunda”.
En ese marco, Barranco señala que las exigencias han aumentado: las tres grandes Vueltas incrementaron kilómetros y desnivel. Por ello, se habla de más volumen, más intensidad y más densidad de entrenamiento. Además, indica que las mujeres ya son profesionales y que no existe ninguna ciclista en el WorldTour que compagine el ciclismo con estudios o con un segundo trabajo, lo que supone un salto de calidad con ciclistas de gran nivel.
El fisiólogo Pedro Valenzuela profundiza en la pregunta de fondo: si el entrenamiento se igualara por completo, ¿la biología impondría un límite insalvable? Para sostener la discusión, relata que el investigador español José López Calbet, junto a un equipo escandinavo, evaluó a ciclistas y triatletas como si fueran “cobayas”. Según el texto, les colocaron catéteres en arterias y venas femorales mientras pedaleaban a máxima intensidad y realizaron biopsias musculares. Los datos mostraron que las diferencias de rendimiento, y en particular el consumo máximo de oxígeno (VO2max), se explican por un factor clave: la masa muscular. Una mayor cantidad de tejido activo permitiría usar más oxígeno y mover más vatios, y al ajustar los datos en función de la masa muscular, no del peso corporal total, las diferencias se reducen hasta casi desaparecer.
Ese “casi” mantiene el 10% como elemento central del debate y conduce a los orígenes: la testosterona. El texto recuerda que es una hormona abundante en los hombres y casi inexistente entre las mujeres después de la pubertad. Valenzuela comenta que la maquinaria a nivel relativo sería la misma en hombre y mujer, pero no la sangre. Atribuye a la testosterona una mayor concentración de hemoglobina en hombres, responsable de transportar el oxígeno a los músculos, y explica que al haber más glóbulos rojos, las piernas pueden quemar más combustible y producir más vatios.
Sobre el perfil de Reusser, se indica que mide 1,80 m, pesa menos de 70 kilos, tiene 34 años y se dedica plenamente al ciclismo solo desde los 27, tras haber pasado seis años estudiando Medicina. Mar Sempere añade que “casi todas las ciclistas de más de 25 años” tienen estudios universitarios, como fisioterapia, psicología, medicina o veterinaria, o están por terminarlos. En cambio, menciona que las más jóvenes, como Paula Blasi con 23 años y base de entrenamiento adquirida con el triatlón, o Paula Ostiz, con 19 años y ciclista desde infantiles, podrían ser de las primeras que, tras finalizar el bachillerato, deciden dejar un tiempo para valorar si estudian una carrera o se dedican al ciclismo. Esa situación, según Sempere, marca una diferencia entre generaciones y oportunidades.
La médica del Movistar explica que hay una parte genética ligada a la diferencia sexual, presente de forma natural, y otra parte relacionada con los años de exposición al entrenamiento, donde las mujeres estarían en déficit. Sempere sostiene que Reusser empezó en el deporte de resistencia más tarde que Vollering, Blasi e incluso el propio Pogacar, pero que el incremento del entrenamiento femenino en los últimos años está reduciendo el “gap” entre hombres y mujeres. Afirma que Reusser tiene mucho potencial biológico que no se estimuló hasta más tarde, y que al entrenarlo conlleva más posibilidades de despuntar entre las mujeres que las que tendría un hombre en el entorno masculino, donde llevan muchas más décadas construyendo una base de alto rendimiento. En el texto se afirma que la base del alto rendimiento de mujeres se construye sobre todo en la última década.
Finalmente, el artículo señala que mujeres y hombres se entrenan de manera similar, muestran la misma calidad y su rendimiento es comparable, y que las carreras se parecen más que antes. Antes se decía que las mujeres corrían como júniors, con intervalos de intensidad y parones; ahora no existen esos parones y, aunque las etapas son más cortas en kilómetros, duran lo mismo: entre tres horas y media y cuatro horas y media. Con todo, el texto concluye que solo la biología los separa, o casi.
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