Polémicas migratorias y maniobra política: el Mundial de EE UU se tiñó de controversias

Imagen gracias a: El País (América)

Polémicas migratorias y maniobra política: el Mundial de EE UU se tiñó de controversias

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La política migratoria de Estados Unidos y la estrecha relación entre el presidente y Gianni Infantino, mandamás de la FIFA, marcaron momentos tensos en una Copa del Mundo muy destacada en el césped.

La política migratoria de Estados Unidos y la cercanía entre el presidente y Gianni Infantino, máximo responsable de la FIFA, empañaron por instantes una Copa del Mundo que, aun así, dejó grandes actuaciones sobre el terreno de juego.

El 5 de junio, seis días antes de que comenzara el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, un avión procedente de Estambul aterrizó en el aeropuerto de Miami. Los pasajeros avanzaron por el control de aduanas y Omar Abdulkadir Artan, identificado sin separarse nunca de su equipaje ni su pasaporte, pasó por una revisión que derivó en un interrogatorio de 11 horas en una oficina apartada. Tras ese proceso, fue deportado por, según la versión oficial, “problemas de verificación” vinculados a sus antecedentes.

Artan, conocido en el mundo del fútbol, iba a convertirse en el primer árbitro nacido en Somalia en dirigir un partido en un Mundial. Sin embargo, la política migratoria de EE UU, especialmente dura con nacionalidades como la somalí, frustró su sueño antes del inicio del torneo. Con 34 años y recién nombrado como el mejor colegiado de África, días después fue recibido como un héroe en el estadio nacional de Mogadiscio (Somalia). El impacto fue tal que la UEFA lo designó para arbitrar la final de la Supercopa de Europa entre el PSG y el Aston Villa, campeones de la Champions y de la Europa League, respectivamente, el 12 de agosto en Salzburgo (Austria).

El caso de Artan fue el primero de varias situaciones que generaron malestar dentro y fuera del campo. Más adelante se sumaron los problemas de Aymen Hussein, capitán iraquí retenido durante más de siete horas en el aeropuerto internacional de Chicago. También hubo retenciones y registros con perros a las selecciones de Uzbekistán y Senegal en sus llegadas a sedes en territorio estadounidense. A esto se añadió lo ocurrido con la selección de Irán, aislada durante toda su participación en México, a varias horas en avión de los estadios donde se disputaban sus partidos, en un contexto de fuerte tensión política entre el gobierno iraní y el de Donald Trump.

En el plano deportivo, el presidente estadounidense protagonizó uno de los episodios más polémicos del Mundial durante las rondas eliminatorias. En el duelo de dieciseisavos de final entre la gran anfitriona y Bosnia-Herzegovina, el delantero Folarin Balogun arrastró sus tacos desde la parte inferior del gemelo hasta el talón de Tarik Muharemovic, defensor rival. Tras la revisión en el VAR, coordinado ese día por el venezolano Juan Soto, el árbitro brasileño Raphael Claus expulsó al atacante norteamericano con roja directa.

Aun con un jugador menos, la selección de Mauricio Pochettino se impuso 2-0 y avanzó a los octavos de final. Allí, ya sin poder contar con su ariete, debía medirse con Bélgica para acceder a la siguiente ronda, donde esperaba España. Sin embargo, horas antes del encuentro, Trump llamó a Gianni Infantino y el organismo que rige el torneo decidió levantar el castigo a Balogun y anular los efectos de la tarjeta roja, que implicaban dos partidos de suspensión.

El propio Trump explicó la situación desde el Despacho Oval de la Casa Blanca: “Lo único que hice fue pedir [a la FIFA] que se revisara la jugada, porque no me pareció falta... Y bueno, creo que tengo buen ojo para estas cosas”. También añadió que “Yo ni siquiera sabía qué demonios era una tarjeta roja. Cuando me lo explicaron, pensé que era una broma, que me estaban tomando el pelo. En definitiva, la decisión del árbitro me pareció horrible. Luego miré su historial y, bueno, digamos que no era precisamente el mejor”.

La decisión provocó una reacción inmediata en Bélgica. La federación nacional de fútbol (RBFA) envió una carta a la FIFA para solicitar explicaciones e impugnar el fallo. La FIFA, dirigida por Gianni Infantino, declaró “inadmisible” la petición presentada por Bruselas al argumentar que “Bélgica no era parte en el procedimiento y, por tanto, carecía de legitimación para recurrir el fallo”.

Balogun terminó jugando, pero Estados Unidos cayó 1-4 en los octavos de final ante una Bélgica encendida por la polémica.

Dos días antes, Jarell Quansah, defensor inglés con ficha en el Bayer Leverkusen, había sido expulsado por roja directa en el vibrante cruce de octavos entre los Three Lions y la selección mexicana en el estadio Azteca. A pesar del precedente, la FIFA no aplicó el mismo procedimiento que el utilizado con Balogun. En consecuencia, Thomas Tuchel no pudo contar con su lateral derecho titular en cuartos de final ante Noruega ni en semifinales contra Argentina.

Las controversias no se limitaron a decisiones disciplinarias o cuestiones administrativas. Tras estrenar el discutido formato de 48 selecciones, 16 más que en ediciones anteriores, la FIFA introdujo desde el inicio del torneo, y sin importar las condiciones climatológicas, dos pausas de hidratación por encuentro. Así, los partidos dejaron de disputarse en dos tiempos de 45 minutos para organizarse en cuatro cuartos de 22 minutos y medio, separados por espacios publicitarios en las señales televisivas de todo el mundo.

El descontento fue creciendo a medida que avanzaba el torneo. Desde el ecuador de la fase de grupos, los abucheos a estas interrupciones se convirtieron en una constante cuando el árbitro las señalaba.

A dos días de la gran final de la Copa del Mundo en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, la FIFA comunicó que el último descanso no duraría media hora —como se había rumoreado tras conocerse el extenso cartel de artistas invitados—, sino 17 minutos. Con ese margen, la organización buscó que, mientras los jugadores de España y Argentina recuperaban fuerzas en las tripas del recinto, se montara y desmontara el macroescenario en el que actuarían Shakira, Justin Bieber, Madonna y el grupo de K-pop BTS.

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