Mbappé y la polémica con China: la burla sobre un “dictador” deriva en un pulso político

Imagen gracias a: El País (América)

Mbappé y la polémica con China: la burla sobre un “dictador” deriva en un pulso político

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La risa de Kylian Mbappé sobre los memes que lo retratan como “dictador” terminó provocando una reacción de China que incluyó sanciones comerciales y exigencias de disculpas, en una controversia que también alcanza al Real Madrid y a la Liga.

Lo más elocuente de la polémica de Mbappé con China, y por extensión del Real Madrid con China, así como del impacto en la Liga con China, es que el futbolista se estaba riendo de sí mismo.

Mbappé, en medio de las acusaciones y maledicencias sobre que influye de forma decisiva en los clubes donde juega y en la selección, lleva meses siendo objeto de burlas en internet. Un meme lo presenta como dictador y ha generado múltiples versiones, incluida la superposición de su rostro sobre Mao Zedong, histórico líder chino del Partido Comunista y fundador de la República Popular. Para la versión oficial china, se trata de un gran revolucionario; para gran parte del resto del mundo, es un dictador.

La controversia se intensificó cuando se le preguntó a Mbappé cuál de las burlas que circulan sobre él, casi todas acompañadas por el estribillo de Kylian Dictador y con el francés vestido como generalísimo, le resultaba más graciosa. El futbolista respondió que le hacía gracia la burla del “dictador chino” que sus amigos suelen reenviarle.

A partir de ahí, China reaccionó con un enfado notable: se habló de cancelación de contratos, de prohibición de emitir la Liga y de una reclamación de disculpas que llegó de manera rápida y abundante.

En otras palabras, una broma que Mbappé hacía sobre sí mismo terminó convirtiéndose en un examen de obediencia para todos los actores implicados. La exigencia de arrepentimiento se extendió, pero aun así el régimen no dio su brazo a torcer. La conclusión que se desprende es que, para intentar demostrar que Mao Zedong no fue un dictador, el comportamiento del poder que fundó se ha parecido al de una dictadura. Un tipo de dictadura que, según el planteamiento del debate, se sostiene por un mercado de enormes dimensiones y por palancas comerciales capaces de empujar a que las empresas extranjeras se autocensuren antes incluso de actuar.

Desde fuera, la pregunta que se hace es cómo a un futbolista de 27 años, que anota tantos goles y que es parodiado en internet como dictador, no le resultó familiar la riqueza de matices del régimen chino y su partido único. Los jerarcas chinos, según la lectura de la polémica, se habrían mostrado estupefactos ante esa falta de conocimiento.

El análisis político que se plantea subraya que un gobierno puede tomar un símbolo y revestirlo de solemnidad para mantenerlo intocable. Con el paso del tiempo, cuando se produce el olvido generacional y se reordenan otras sensibilidades, esa solemnidad puede terminar siendo tomada en serio por mucha gente: los sentimientos pueden volverse auténticos cuando el poder insiste en ellos. Sin embargo, que un gobierno se reserve el derecho exclusivo a interpretar ese sentimiento como “ofensa” y decida qué castigo corresponde a quien lo provoca es un asunto político de primer orden. En ese terreno, no hay imperio que tenga el monopolio; y si existe un país con capacidad para marcar límites del humor incluso frente a cuestiones religiosas, ese es China.

La polémica deja, además, una lección de geopolítica: en una democracia —planteada como una democracia perfecta, no la española— se asume que uno se puede ofender y otro puede responder. Incluso se contempla que la broma sea mala, pese a las voces que defendieron que se trataba de un chiste. Lo ocurrido en China sería distinto: una gracia que se entendió como inconsciente se habría aprovechado para exhibir poder, con consecuencias que incluyeron cancelar durante un tiempo la emisión de la NBA. El desenlace, según esta perspectiva, se reduce a pedir perdón y esperar a ser perdonado.

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